domingo, 7 de julio de 2024

Sensible

 

Yo estoy bien, me mantengo vivo. Hago deporte, como sano y hasta he aprendido a cocinar. Si me vieras pensarías que me han cambiado por otro. Por otro mejor, más capaz, con más ganas de vivir, con la risa en la pupila, con la vida que elegí. Soy más deseable ahora que me he deshecho rencor. Me siento invulnerable.

Invulnerable viene del latín, invulnerabilis. Que no puede ser herido. Mi piel ya no se abre aunque le ponga cremallera. No me descarno, no sangro, no se me eriza la dermis aunque yo quiera.

Los olores pasean entorno a mis narices, pero ninguno se queda. Escucho las palabras que me dicen, pero ninguna me llega.

Y el caso es que a mí me gustaba deshacerme en el aroma que me regalaba tu pelo, me gustaba saberme incapaz de dejar de mirar tu mirada cuando en mi mirada se dejaba caer.

Amar, dije una vez, es dejar tu vulnerabilidad en manos de quien sabes que no la usará para herirte.

Pero ahora no tengo vulnerabilidad que depositar en las manos de nadie, no hay aire que me abra, ni olores en los que quiera dormirme.

 

Ya te lo he dicho, niña, estoy bien, aunque parezca increíble. Supongo que era inevitable.

Lo que ocurre es que yo no quiero estar bien,

Quiero estar sensible,

quiero ser vulnerable.

viernes, 7 de junio de 2024

El comportamiento

 

Crecer significa entender que las experiencias se equiparan. Saber que nadie es especial provoca que la expresión “me han hecho mucho daño” suene estúpida, estulta, infante, cría, deshilachada, deshecha, inmadura. “¿Y a quién no le han hecho mucho daño, criatura?”. Los comportamientos no son excusas de un pasado que explica cómo hemos llegado a ser así. Es el lenguaje con el que nos expresamos.

No quiero explicaciones, ni excusas. Ni insulsas ascuas que esconden miedos enconados. Ni soberbia sostenida sobre media hostia. Que aquí todos nos hemos tallado la figura a palos. Será por eso que los malos siempre recalcan el sufrimiento vivido, como si lo sufrido bastara para justificar su condición de villanos. Claro, porque para ser un hijo de puta necesitas dar explicaciones. Esa es la coyuntura de los grandes cabrones, que hasta para las peores situaciones encuentran la excusa en todo lo que vivieron.

Pero parece que carecen de altura de miras para observar que no son los únicos que sufrieron, aunque sí los únicos que quisieron ser únicos en su sufrimiento.

Son los cobardes que dimitieron de sí mismos,

Y contrataron a su ejército de heridas para explicar su comportamiento.

 

sábado, 1 de junio de 2024

El círculo.

 

Ya no hay él, ni ella. No me quedan historias de amor porque me quedé sin él. Mi piel no se eriza, ni se me riza el alma porque la calma que sentía en el vaivén de la compañía, se me coló por la alcantarilla. A lo mejor fueron las prisas. Qué se yo. Que me hago viejo y que no encajo. Que ya me importa un carajo la vida de la gente nueva. Que no me quedo perplejo ante los complejos de superioridad. Que no me emociona sino la apatía de pensar que nadie vale un segundo de mi tiempo.

No siento. No cuento. Pero vuelvo a dormir.

No hay miedo, ni celos. Ese es mi mundo, salvo algún desliz.

Sé que lo que más interesa es mi desinterés. La atracción del sexo por no ofrecer nada más que carencias. ¿Ese soy yo? El que aporta tan solo vacíos que anhelar, cimas que no se pueden escalar, entrenamiento de la paciencia.

Y en ese círculo estoy yo, calculando el vínculo que nunca sucede. Escabulléndome entre la plebe que quiere mi amor. ¿Amor? La misma palabra me suena distante, añeja, vacía, dañina, inmisericordemente ajena.

¿Amor?

Yo de eso no tengo.

A mí de eso no me queda.

viernes, 15 de diciembre de 2023

Tú no me conoces.

 

Tú a mí no me conoces. Es normal, me disolví en ti porque te necesitaba. Supongo, gitana, que por eso no sabes quién soy. Es lo propio, y te confieso que yo apenas me reconocía cuando me separé de ti y me cargué a la espalda el peso que me correspondía. 

Quizás opté por perderme cuando te conocí, quizás opté por hacer un trueque: cambié lo que yo era porque quería ser feliz. No es aporéico que me sintiera desdichado al perderte: quise ganarte, y para pagar el precio me vendí. Y al perderte sentí que la felicidad es el más mediocre camino. Así se entiende que al perderme no me tuviera, que me disolviera en mis propias manos, que me quedara sin contenido. Por eso supongo, gitana, que no me conoces. Que no sabes quién soy. Que no sabes de lo que soy capaz.

He aquí una imposibilidad. La de que tú me conozcas. Pues al conocerte, yo me solté de mí mismo, y ahora que comienzo a agarrarme a los abismos a los que me precipito, ahora que le grito al vértigo e incito a Dios a que me coma los cojones, veo lícito decirte algo:

Que no me conoces, que me miraste como quien elige entre mil opciones frente a una vitrina.

Que sigues sin verme, porque prefieres detenerte frente al podio de los que se dicen ganadores esnifando cocaína.

Enclenque fortaleza la de quien huyendo de sí mismo, te mira desde arriba.

Tú no sabes, gitana, de donde vengo. Ni quién es el niño que me cuida.

viernes, 10 de noviembre de 2023

Vuelto hacia el otro.

 

La vi en aquella foto del diablo y su imagen me vació el pecho. ¿Por qué? Pensé y tardé un día y un texto mediocre en averiguarlo. Yo era exactamente igual que mi sociedad. Estaba vuelto hacia el otro y no hacia mí. El otro me dictaba una lista de aquello de lo que carecía mientras yo apuntaba diligentemente como quien pretende avanzar hacia un objetivo propio. Ella era mi carencia y la sentía, erróneamente, como mía.

La corona del mediocre me raspaba el cráneo mientras miraba empantallado el modo en que ella miraba a la cámara para mirarse en la pantalla unas horas después. «El otro» pensé. Ese era el problema, y no es que uno se ponga existencialista y enuncie aquella rimbombante frase de Sartre de «el infierno son los otros». Los otros son el paraíso si uno está vuelto hacia sí.

¿Qué ocurre si por ver la libertad de enfrente uno se siente roto?

¿Qué ocurre si uno permanece permanentemente pendiente y pierde la capacidad de poder verse?

Que uno está vuelto hacia el otro.

Y si está vuelto, tendrá que revolverse.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Susceptible

 

“El dinero compra la inteligencia, pero no la sensibilidad”, algo así escribí, en un alarde de idealismo retórico, hará media década, “nada nuevo bajo el sol”, pienso en un piso que se comienza a acomodar a la presión de mis pies al retorcerse sobre sus losetas.

La novedad bajo el astro es escasa para el realista, nula para el pesimista, abundante para el psicótico. No hay más cosas que las que existen y en esa carencia de sorpresa continua, nos queda quizás adiestrarnos en la apertura. Sentir los matices de las texturas de las palabras. Sí, quizás mismos discursos, pero diferente pronunciación. Sí, quizás mismas defensas, pero diferente nivel de convicción.

Entre tanto estímulo que reclama mi atención, termino aturdido, lelo, atento a la distracción y sin la precaución de acabar insensible.

¿Cómo dar en plena guerra las paces?

Quizás el logro último sea quedar, lagrimear y escuchar el juicio en boca de otro “hoy estás muy susceptible”.

Sí, y ojalá no se me pase.

viernes, 18 de agosto de 2023

Como un perro.

 

Sugirió que mi lengua se le asemejaba a la de un perro, no sé si por guarra o por áspera. Que mi actitud era la de un perro, me dijo, pero había una cáscara que se me resquebrajaba y no me encariñaba tanto como a mi pecho de chucho le hubiese gustado. Como un perro me dijo que era, no sé si por mi condición faldera de la que organicé mi huelga indefinida, por mi naturalidad al retozar o por mis ganas de correr(me) a su vera.

 Me hubiera gustado ser como el perro que se quiso que fuera, lo reconozco, pa acurrucarme en los sudores de ella y que no hubiese mella ninguna que me arrugara el rostro.

¿Cómo un perro? Quizás uno hosco, tosco y con malas pulgas, que comulga con la sagrada religión de sí mismo, que trata de cerrar el abismo que le abrieron en el alma, que traga la baba santa y ladra pa rebelarse contra la pena.

 Como un perro me dijo que era.

Como un perro, con el que las perras juegan.