martes, 2 de agosto de 2022

Pluralidad.

 

A veces el amor es enfermizamente dañino, como una cama de clavos. Te vuelve astuto, atento, introspectivo, concentrado, te mantiene alerta.

A veces, es como un sofá. Te atrapa, te mulle, te acomoda hasta vender orgulloso la astucia de uno por la calma de sus almohadones.

Otras, es como el suelo. Firme, terrenal, inamovible.


martes, 24 de mayo de 2022

Nadie está a salvo

Nadie está a salvo de su cuerpo, esa extensión que, cual cárcel, nos dota de libertad: la justa para hacer lo que nos vaya permitiendo. 

Nadie está anclado a un recuerdo, ese espacio vacío que se va desvaneciendo en el consumo de alcohol, de drogas, de gente.

Nadie es libre de decidir lo que va sintiendo, ese gerundio en el que uno se envuelve en la adolescencia y con supina torpeza juzga de inmaduro, exagerado, incoherente; como si ser insensible fuese un buen aliciente.

Y aquí estoy yo, preguntándome torpemente si mi cuerpo me permitirá algún momento de nostalgia. Si acaso ese hijo de puta asmático e incapaz me dará la oportunidad de recoger la gracia del exagerado que fui, la inmadurez que me hizo florecer, las incoherencias que me hicieron feliz.

Nadie está a salvo de su cuerpo.

Nadie está anclado a un recuerdo.

Nadie siente si defiende a quienes jalean a su alrededor "vente, no sabes lo que te estás perdiendo"

sábado, 23 de abril de 2022

Hace tiempo

 

Hace tiempo que no tengo tiempo y que me empeño en robármelo con esmero, como si quisiera que me sobrara tanto que su latrocinio lo sintiera como un regalo.

Hace tiempo que no tengo tiempo, que lo gasto en el desgaste que me produce un trabajo bien remunerado que me paga la independencia de mis padres y de mi corazón malogrado.

Hace tiempo que me empeño en el arenoso penar de los que se perdieron, porque al madurar aprendieron, a lo mejor con cierto tino, que quizás ya no hay tiempo para perderse, porque uno lo debe aprovechar sabiamente en sentirse perdido.

domingo, 10 de octubre de 2021

Anclaje y Mosquetón

Uno viaja, aparca en un lugar nuevo. Nuevo: aquel en el que jamás ha puesto un pie. Llega con ropa vieja, con zapatos gastados, con la piel curtida y, mecido en su propio temblor, se da cuenta de una evidencia: no existe referencia alguna de él, puede ser quien le venga en gana. “¿Quién quiero ser?” se pregunta uno como precedente de la siguiente pregunta obligada: “¿Quién soy?” 

Nadie, nada. 

Poco más que un mosquetón que busca el anclaje que le sirva de referencia, que le diga “estás aquí, ahora ya puedes definirte en función de mí”.


miércoles, 11 de agosto de 2021

La aorta

             Tenía una herida rota, justo a la vera de la aorta, lo sabía porque me la notaba cuando latía. Me decía que era justo ahí donde debía conservar las heridas, porque una herida que no se siente cuando uno se late no es herida útil.

Tenía una herida rota, justo ahí, a la vera de la aorta, y me imaginaba que era en ese lugar donde todo el que tuviera sangre conservaba sus heridas. Una herida sucia, costrosa, pestilente, vomitivamente dolorosa que me enrabietaba cuando mi pulso bombeaba. Bum. Bum. Bum.

Me dijeron que quien se calma, se cura, ya no siente la herida, ya no brama de furia al sentirse la cuchillada. Se cura, dicen, aquel que se calma.

O se guarda la pena tan dentro del alma que se queda sin sangre.

Y se calma.

Y se muere.

martes, 18 de mayo de 2021

Tripas

Escuchar la música que hace quince años te revolvió las tripas te pone en perspectiva: ¿sigue siendo uno sensible a que las tripas se le revuelvan o la calma ha robado lo suficiente la atención de uno como para creer que las necesidades de las tripas debían de pasar a un segundo lugar?

Le enfrenta a uno a la pregunta estrella “¿dónde cojones dejé mis tripas?” Se ve entonces obligado a buscarlas en algún punto entre el presente y hace quince años porque se hace evidente que uno, sin tripas, se ha convertido en la mayor mierda que podría imaginar. Sin tripas, sin mirada, sin arrojo, se ha regalado a lo ajeno, se ha despegado de sí mismo.

Tengo que admitir que no sé dónde cojones me perdí, pero sé cuándo: cuando dejé caer mis entrañas.


domingo, 16 de mayo de 2021

Dirección, sentido y movimiento.

 

Qué es la vida de un hombre si escasea de direcciones. Dirección, dícese del empuje que, dentro de la carencia de sentido y de toda profundidad que la existencia posee, incita al hombre a moverse.

Un hombre tiene pulso, no ve su movimiento, en su encuentro se pierde porque en sus adentros se siente en coherente carencia y se diluye en la cadencia de la conformidad.

Un hombre muere en vida al atender a leyes cuyo dictamen le es desconocido. Solo conoce que ese movimiento es lento, lánguido, sin fuerza, no viene de él.

El hombre no se mueve, se siente obligado a moverse.