martes, 29 de julio de 2014

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No cometas el error de hacer razonar a quién te cree un necio,

 a no ser, claro está,


que tenga razón.

martes, 15 de julio de 2014

¡Tengo un regalo!

El tercio se calentaba en contacto con el cálido viento de una noche de verano, esa brisa que salva de los dolores más profundos, inspiró fuertemente y dio otro trago. No había motivo para estar borracho, por tanto, tal objetivo ni se contemplaba, escuchaba las olas romper con la tranquilidad de quien sabe lo que dice.

Pero no había palabras en escena, ni cadenas, ni penas agarradas al pecho de nadie, ni bailes bajo la luna ni bruma que nuble las miradas, ni sandalias descalzadas, ni pisadas pasadas por agua, ni la fragua del infierno, ni el eterno juego de risa y tortura, ni locura, ni cordura, ni carreras tras carcajadas, ni nada ni todo, ni frío ni caliente, ni claro ni oscuro.

Si bien es cierto que quien crece contra un muro, duros tiene los huesos.


¿Quién querría huesos tan duros si no los mella con besos?


Miró a su lado y...

jueves, 26 de junio de 2014

Un escritor.

¿Qué esperáis mi señora? ¿Qué aguardáis agarrada a ese manto de punto que cosió alguien desde el profundo desconocimiento de su futura dueña? ¿Por qué veláis acolchada a la tabla de madera frente al mar? ¿Qué hay de poético más que la viva imagen de vuestra mirada postrada en los confines del la tierra?

¡Tengo un nuevo escrito! ¡Aquí yace un desvarío variado con el mío brío! ¡Desvarío apoyado en la sincera varianza del deber a variar! Un escritor dijo alguna vez, "tal vez el simple sonido de las teclas presionándose por la fuerza de tus dedos sean el matiz necesario para, con suerte, terminar parafraseándose a uno mismo" Y no me queda otra que el parafraseeo de tan ilustre frase para sacar a relucir la cobardía más deplorable.

Allá va.

Llevaba varios meses sin enfrentarse a ella, la maldita página en blanco que se paginaba como "trescientas cincuenta y tres", tan sólo le quedaba una buena conclusión, una frase culmen que dejara entre los labios la más contundente dulzura, aquella que denotara los tintes exactos e hiciera resonar las esquinas de las palabras más escondidas de la novela, sabiendo que aun siendo sólo palabras, estaban atadas a una perfección por encima incluso de él mismo, entonces concluyó. Sonrió para terminar dirigiéndose a la cama dejando paso en su rostro, casi sin quererlo, a la postura más desencajada. El sueño no le conciliaba y el techo era su atención principal.

La evidencia es algo curioso ¿Sabéis? Cuando eres tan sincero contigo mismo que se te presenta como inconcebible la posibilidad de ocultarte la verdad más devastadora no queda otra que añadir esa carga a los hombros.

Si bien encontró la manera perfecta de hacer de una vida que nunca existió una obra de arte, su manera de convertir su vida en una obra de arte no era otra que la de inventar otras vidas que él nunca vivió.


Y allí estaba entre la evidencia dubitativa de no saber qué dignificar. Bien una vida sobre la que se pudiera escribir. Bien el simple hecho de escribir una buena vida.


Una cosa estaba clara.



No se escribe acerca de las cosas que no se hacen.

miércoles, 11 de junio de 2014

¿Para quiénes son los sueños?

Me soñé sin quererlo viajando por carreteras secundarias, viviendo de sonrisas y de brisas coloreadas, adulando las más bonitas miradas, bailando en hogueras recién instaladas, y gozando de la satisfacción de verse dentro de una canción que casi se susurraba. Todo entre caminos que no hilan los destinos y sobre ruedas se eligen por la decisión de que la casualidad sea domeñada.

Llamaron a la puerta en una intensa intención de traerme al mundo donde los sueños se mantienen en su mundo, toc toc, "¿Qué demonios?" "¿Por qué prescindir del timbre? ¿habremos llegado ya a la preciada época en que los individuos hayan caído en la cuenta de que cuenta más cuanto más cuesta y lo que ello conlleva: el desterrar algo de tecnología de nuestro paseo por la vida?" Pero no, el sonido del timbre me sacó del ensimismamiento para hacerme escapar de la cama. 

-¿Quién es? -dije malhumorado al tiempo que abría la puerta.

-Caballero usted ha de acompañarme -dijo el hombre trajeado que aguardaba mi presencia.

-Me encantaría, el problema estriba en que mi compañía era mucho mejor hace veinte minutos ¿sabe usted?

Aquel hombre no dudó en agarrarme por el brazo y casi a rastras y en calzoncillos me situó en los asientos traseros de una furgoneta negra.

-Arranca -dijo aquel señor.

Y arrancó, dirigiendo la furgoneta hacia un sitio que desconocía, por unos caminos que no me sonaban y envueltos en un silencio que casi me arañaba. Pasaron diez minutos, luego quince, luego treinta ¡y luego sesenta!

Fue entonces cuando el chófer paró el motor y se bajó, abrió la puerta de atrás, se quitó las gafas de sol y me miró a los ojos, no lo entendía, ¿se suponía que debía decir algo? No conocía el protocolo post secuestro. Cuando salí de mi ensimismamiento miré su mano izquierda. Eran las llaves de la furgoneta.

En ese instante decidí mirar a mi alrededor para ver el interior, era amplia, tenía un hornillo pequeño y una neverita instalada, tenía un colchón francamente cómodo para pasar cualquier noche, y si levantabas un tablón había una vieja guitarra de impecable sonido.

Agarré las llaves de ese paraíso con ruedas y comencé a conducir dejando que en mi rostro se dibujara la mayor de las sonrisas. 

No sabía donde ir, pero imaginé que el camino se haría al rodar así que rodé, primero pasaron diez minutos, luego quince, luego treinta ¡Y llegué a los sesenta!

Sin quererlo me vi aparcando en la puerta de casa.





Por la mañana debía trabajar.

martes, 27 de mayo de 2014

A tomar por culo.

Moví la rueda del ratón hacia abajo de nuevo, y miré las novedades que ofrecía la página de mi perfil de facebook, nada más que gatitos o noticias cuyo interés se esfumaba al pinchar en ellas. ¡Eh! ¡Espera! Rosa ha subido una foto nueva, ¡Andá! Parece que está en Noruega, me alegro por ella, joder, que paisajes más bonitos. Sigo bajando la rueda, esa foto ya la he visto, jum... Bonito escote, ¡Un momento! ¿Pedro salió ayer de fiesta? Que pandilla de cabrones, anda que avisan, podrían haberme presentado a esa, a ver como se llama... Eva, bonito nombre, podría haber echo un chiste de compresas. Clicko en mis fotos. Mira ahí salgo de puta madre con la cerveza en una mano y con la cintura de Desi en la otra, lo mismo debería llamarla, a ver si se conecta y le digo algo. Desciendo en la página girando la rueda del ratón. ¡Ahí va! ¡La fiesta de navidad! Joder, que guapo estoy de traje. Sigo bajando, me aburro, clicko en inicio, clicko en inicio, y otra vez, bajo la ruedecita. Un suspiro se cuela entre foto y foto, estiro mi espalda hacia atrás.

Estiro los brazos y en un despiste sin intención golpeo el ruter con mi mano derecha.


Lo miro.


Lo agarro y lo tiro por la ventana.

A tomar por culo.


Sonrío ante el menester de la dicotomía de la que me apropio.



Pues ¿Quién diría que alguien vive de manera auténtica si no se tiene noticias de él?

sábado, 17 de mayo de 2014

La piedra

         El teléfono no terminaba de sonar, ni si quiera un maldito mensaje, nada salvo el estrepitoso silencio que lo dominaba. La desesperación más verdadera es aquella que se mantiene más callada. Y ella seguía sin dar señales.

Joder, era obvio que no aparecería, siempre era obvio, la conocía mejor de lo que nadie hubiera podido hacerlo, y la mejor forma de definirla era la siguiente: impulsiva bajo palabras, reprimida sobre los actos. En su mente las cosas suenan fantásticamente bien, son un maldito cuento de hadas que navegan de situación en situación y a toda acción la cubre un baño de encanto. Pero todo se tuerce cuando ese encanto puede hacerse realidad, es en el momento en que la fantasía puede llenar el hueco de lo que le rodea cuando peligra, cuando corre el riesgo de convertirse en un profundo error.

No soy aquel que aprende de la primera piedra con la que tropezó, soy aquel tropieza, se levanta y se mantiene agarrado a la esperanza aun a riesgo de romperse las rodillas.

Y ahora me hallo en medio del camino con la misma puta esperanza del principio, la de tropezarme contigo.



Pero el camino sigue y el final se cubre de nuevas esperanzas. Además.




Suena a Bluegrass



https://www.youtube.com/watch?v=XmUQSAtvb6I

sábado, 3 de mayo de 2014

Primer acto.

Primer acto, él se sentaba junto a su copa helada y a su soberbia verborrea. ¿Ella? Ella ni si quiera estaba, tan segura de sí misma que tomaba conciencia de que su ausencia no significaría la diferencia en el destino y fidelidad de él. Fidelidad hacia su camino, y hacia sus pisadas, fidelidad hacia los pasos que ella daba, y calada tras calada, sabía que tenía a su mirada anclada en los tacones que él tan solo imaginaba, pero ella… cruel estrella, lo estrellaba con deseos a medias y con medias a medio romper bajo los dedos de otros, y reía, a sabiendas de que vencía a cada carcajada. Sin saber que llegaría un punto en que él no sería más que el agua que ya no pasaba, no sería más que el viento entre dos ventanas que se sentían cada vez más lejanas, no sería más que la estrella que no resultó estrellada, y que se levantó sobre un manto de lavanda lavada para ser la fuerza, la sonrisa y la ilusión que se ilusionaba frente al desastre que acontecía a tal menester.


Y jamás se tuvo menos miedo que cuando no se tuvo nada que perder.







Y al perder caíste en la cuenta de que el valiente cuenta con la sonrisa cuando no cabe otra opción que caer.