miércoles, 23 de octubre de 2013

Póngame.

Era jueves, y él, altivo siempre en su mirada, y sin orgullo en su profesión pasaba la bayeta sobre la humedad de la barra. ¿Qué cabe esperar de un jueves de otoño? La pregunta resonaba entre los resquicios de su mente dejando paso a una sonrisa que le hacía muescas en las comisuras de los ojos.

Era jueves, y ella, tan soñadora como de costumbre terció a tomarse un tercio entre las más desconocidas caras, era nueva en la ciudad, así que bajo el influjo del libro bajo el brazo como excusa cursó como teoría seguir el camino de la casualidad, ¿Qué cabía esperar de un bar con la barra reluciente? Se sentó en la banqueta de madera, estaba coja, pero le gustaba. Él le sonrió.

-¿Qué te pongo niña?
-¿Tenéis estrella galicia?
Su sonrisa se tornó a una suave burla.
-¿Estrella galicia? No eres de por aquí ¿Verdad?
Ella le correspondió y sus labios dieron paso a una hilera de dientes.
-Me gusta viajar -dijo ella sin apartar la vista.
-Ya veo niña, ¿Sabes? Yo tengo ascendencia gallega -él no podía parar de sonreírle y ella no podía dejar de sentirse especial, de ahí la correspondencia.
-¿Hablas en serio?
-Pues lo cierto es que no, pero es que no podía dejar que te marcharas sin tratar de arrancarte unas cuantas palabras.
volvió a sonreír y se dispuso a contestar, pero él volvió a hablar.
-Tan sólo te encubriste con una leve sombra de ojos, lo que significa o que tratas de esconder algo que te acompleja o que piensas que la belleza de tus ojos es digna de resaltarse, lo cual te convertiría en alguien con gran grado de autoconocimiento y por ende con alto grado de interés, no llevas tacones, ni si quiera alzas, lo que da a entender que prefieres optar por la naturalidad y la comodidad que por la superficialidad y la exuberancia, llevas "el hombre de los dados" bajo el brazo y eso te hace una de las chicas más interesantes que he conocido, y lo más importante sonríes cuando hablo, lo que me induce a pensar -hizo una pausa y la observó con una mueca de sospecha- ¿Que te gusta la cerveza?
-O que me gusta el camarero.
No pudieron evitar reírse y una velada se programaba para después de las doce. 


Era jueves, y él, altivo siempre en su mirada, y sin orgullo en su profesión pasaba la bayeta sobre la humedad de la barra, como el jueves anterior. ¿Qué cabe esperar de un jueves de otoño? La pregunta resonaba entre los resquicios de su mente dejando paso a una sonrisa que le hacía muescas en las comisuras de los ojos.

Era jueves y ella, tan misteriosa de costumbre, decidió cambiar de tercio y terciar un escape a otro tugurio para por una vez en mucho tiempo desconectar de las caras conocidas, portaba la influencia de la excusa como norma y con un cuaderno y un bolígrafo se dirigió a la primera taberna que encontró. Se sentó en la banqueta negra, firme, le gustaba. Él le sonrió.

-¿Qué te pongo niña?
-Una fanta de naranja.
Su sonrisa se tornó a una suave burla
-¿Una fanta de naranja? no eres de por aquí ¿Verdad?
Ella apartó la vista un momento para volver a mirarle con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues yo sí, ¡pero se ve que tú no tabernero!
No se pudo evitar irrumpir en una carcajada mutua.
-Bueno, he de reconocer que tengo ascendencia vikinga.
-¡Wau! ¿En serio? -Dijo ella abriendo los ojos de par en par.
-Pues no,  pero es que no podía dejar que te marcharas sin tratar de arrancarte unas cuantas palabras.
Volvió a sonreír y se dispuso a contestar, pero él volvió a hablar.
-Tan sólo te encubriste con una leve sombra de ojos, lo que significa o que tratas de esconder algo que te acompleja o que piensas que la belleza de tus ojos es digna de resaltarse, lo cual te convertiría en alguien con gran grado de autoconocimiento y por ende con alto grado de interés, no llevas tacones, ni si quiera alzas, lo que da a entender que prefieres optar por la naturalidad y la comodidad que por la superficialidad y la exuberancia, llevas un cuaderno agarrado con un bolígrafo bajo el brazo y eso te hace una de las chicas más interesantes que he conocido, y lo más importante sonríes cuando hablo, lo que me induce a pensar -hizo una pausa y la observó con una mueca de sospecha- que ¿te encanta la fanta?
-También me gusta el camarero.
No pudieron evitar reírse y una velada se programaba para después de las doce.



Era jueves y la primera cayó en la cuenta. ¿Quién no lleva sombra de ojos? ¿Quién se pone tacones a media tarde? y lo más importante ¿Quién no se busca una excusa para caminar?

Era jueves, y mientras él follaba, la primera comprendió que la especialidad se basa en lo que uno haga sentir y hacer y no en lo que le hagan sentir y hacer a uno. 

Y con una sonrisa se preguntaba. ¿Hay mutualidad posible?

lunes, 21 de octubre de 2013

El crío.

Era se una vez un niño, un niño de ojos oscuros, con esperanza y con claridad en cada uno de los matices de su mirada, con piezas de ilusiones ilusiones bordadas y con una pequeña preguntilla en la cara.

-Papá, ¿Te vienes a jugar conmigo?
-No puedo hijo mío -respondía el padre cruzando su mirada con la de su pequeño por encima de las malditas gafas que tanto repudiaban al crío-. Estoy trabajando.

"Tengo que trabajar" se repetía papá a la escucha de los pasos de Dani hacia el jardín de atrás, dejando que la frustración se abriera paso hacia los pequeños matices de su rostro, dejando que los cálculos de la empresa se bañaran con la pesadumbre de una pequeña culpabilidad.

-¡Eh papá! ¡Hoy tengo pelota! ¿Juegas conmigo?
-Hijo mío, hoy no puedo, estoy trabajando.

"Tengo que trabajar" se repetía de nuevo, alegando a su obligación, responsabilizándose de no eludir responsabilidad, guardándose su sonrisa y pagando con la sonrisa de los demás, pero ese no era el único día que debía pagar.

-¡Oye papi! ¡Hay un arbol con un cespecillo genial arriba de la colina! ¿Te vienes a corretear?
-No puedo cariño, estoy...
-Trabajando, lo se -Respondió el crío asomando media sonrisa.

"Tengo que trabajar" repitió de nuevo, sin dejar que ninguna innovación cambiara su manera de actuar, siguiendo el tecleo de las teclas que tecleaba antes de su llegada y brindando la misma atención nula a lo externo a la mesa.








Pero el crío ya llevaba cinco días sin preguntar y Papá ya no aguantaba más en aquel raído despacho. "Voy a buscar a Dani". Pero Dani no estaba en el salón, tampoco en la cocina, ni en el baño, no estaba en su cuarto como no estaba en el jardín y cuando sintió que algo le jalaba de la garganta para dejarlo sin respiración lo divisó tumbado bajo el árbol de la colina.

Era se una vez un Papá, un papá de ojos oscuros con cierta esperanza, con algo de claridad en algunos de los matices de su mirada, con ilusiones frustradas, pero ¡Oye! ¡Tenía una pequeña preguntilla en la cara!


-Eh Campeón ¿Te vienes conmigo?
-No puedo Papá-respondió el crío dejando que una gran sonrisa se abriera paso entre los pequeños matices de su rostro-. Estoy jugando.








"Tengo que soñar."


martes, 1 de octubre de 2013

Consecuente.

Me largo, has de comprenderlo vida mía. Me debo a mi vocación, al singular arte de coser y cantar en la dedicación del sentir, del volar en cada gesto que pudiera significar un ápice del significado que trato de buscar. Lo siento vida mía pero me he de largar, siento que tengas que sentir mi pérdida y que tengas que ver mi espalda alejarse y perderse entre los extraños páramos que lindan el horizonte.

Realmente me entristece tu tristeza por saber de aquello de lo que te informo. Me voy en busca de una vocación renegando del amor en el camino.


Porque por mucho que te amara, pensé más en ella que en vos.



Y ahora que no estás, no consigo concentrarme, y la vocación se desvanece por pensar sólo en vos.





Así, vida mía, he de caer en la cuenta de que soy casi tan valiente para tomar una decisión.

Como cobarde para ser consecuente y feliz con lo decidido.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Entre críticas y Palabras.

Bienvenidos, damas y caballeros, les otorgo el beneficio del juicio, no seré yo quien pare vuestro criterio, ¡Y no! No criticaré el acto inmundo, inmune e impulsivo de criticar. Jamás me dedicaría a ser yo quién frene los pies de quien da su opinión tanto con la diestra como con la siniestra.

-Harías bien en puntualizar correctamente, ¿No quedaría, por distinción, mejor nombrar la zurda en lugar de la siniestra?

-Sí, además ¿Cómo come el comienzo aludiendo antes a las faldas que a los pantalones? ¿No sería de mejor ver nombrar antes a los hombres?

-¡Y no solo eso! ¿Cuál es la razón de no sinonimar el juicio en sustitución por sentencia? Tal cambio otorgaría a la fonética el aire de esfuerzo y dominación requerido que creo que pretendes, autor.

-No olvidéis, mis queridos camaradas, el nombramiento del calificativo de inmunidad cuando hace referencia a las palabras de quién otorga opinión. ¡El autor no podría estar más equivocado! ¡No se fija en lo importante!






Lo mágico del equívoco es que sin duda y si se quiere, puede encontrarse entre casi todas las palabras.

Ya veo cuál es su necesidad.


Hay gente que necesita escribir, encontrar entre las palabras un ápice de brisa, una caricia del arte.

Hay gente que necesita juzgar, encontrar en cada palabra un fallo.



Sin mí, caballero, usted no tendría nada de que hablar.

Pero sin usted, caballero, Yo seguiría hablando.








Así que dígame, ¿Qué es lo que realmente importa?

viernes, 13 de septiembre de 2013

Te amo.

No cabría esperar otras palabras de mis labios, te quiero.

Definitivamente te quiero.

Te quiero vida mía, sin duda alguna te quiero, te quiero tan sólo porque la presencia en la lejanía de uno de tus besos me hace distanciarme de toda ilusión con la única obsesión de acercarme a la humedad de tu boca.

Te amo querida dama, porque tan sólo hace falta una de tus miradas mientras te dedicas a escurrirte entre el tumulto para tenerme en el vilo de si volverás a mirarme de aquella manera.

Te quiero porque entre la suave brisa que supone una de tus sonrisas destaca su consecuencia, y es que con cada una de ellas Olvido cada uno de mis problemas, en lugar de afrontarlos.

Con toda seguridad te amo, porque haces de mí a un extraño sin objetivo alguno, cambiándose todo anhelo por lo que se sitúe entre tus labios; un extraño Frágil, que sólo vive si tú tienes la amabilidad de obsequiarme con mi necesisad; Un extraño Cobarde que se esconde en la belleza de tus ojos tan sólo por falta de valor.


Vida mía, definitivamente te amo,









Te amo porque me haces peor persona mi cielo.

martes, 27 de agosto de 2013

El abogado y el camarero.

Sentí cómo me miraba desde que entró por la puerta, supongo que es la soberbia del traje, o los andares no aprendidos de lo que se entiende ahora por triunfador, no se, quizás fuera la tranquilidad de tener el suficiente dinero en el bolsillo para gastar lo que deseara sin abarcar la necesidad de la más mínima preocupación.

En cualquier caso, estaba solo y decidió sentarse frente a mí, en la barra de mi bar.

-Un whisky con hielo, camarero- dijo, decidiendo apartar la mirada, como si de repente no fuera ni si quiera de importancia como para despreciarme.

-Aquí tiene, abogado -respondí.

Creo que fue la forma arenosa en la que pronuncié la última palabra la que le hizo salir un tanto de su inopia y volver a mirarme a los ojos. Pero con dos palabras no se cambia a una persona, y en su boca se abrió la más arrogante de las sonrisas.

-Dígame, camarero, ¿Qué opina usted de la desfachatez de los libros Budkowski?

-Lo siento caballero, no he tenido nunca ni dinero para comprar libros ni tiempo para leer.

Se rió con autosuficiencia.

-No te preocupes, hombre -contestó emulando amistad con ese toque irónico tan característico de quién se siente superior-. Hablemos entonces de arte. ¿Has visitado alguna vez el museo del prado? Mis padres me llevaban viernes tras viernes desde los doce años.

-Tampoco puedo ayudarle en ese tema, tiendo a intuir que mis viernes desde crío fueron muy distintos a los suyos.

-¡De algo sabrá usted camarero! Hablemos de la universidad ¡Seguro que aprendiste algo allí!

No hacía falta ser un lince a esas alturas como para saber que nunca había puesto un pie en la universidad. Quería indagar en la herida.

-Nunca he ido a la universidad, ha sido un gasto que nunca pude pagar.

Se le apagó la sonrisa poco a poco para dar forma a una mueca de superioridad, mientras daba un trago al whisky que le serví, se desajustó un poco la corbata y volvió a hablar.

-No te culpo por ser un inculto, tu lo has tenido más difícil que yo.

-Estamos en equidad entonces- respondí adoptando la sobriedad en mi sonrisa, llenando de autoridad mi rostro y logrando que el orgullo de ser quién soy se apoderara de mí.

Me miró, preguntando, rogando una explicación, no creo que hubiera ya altivez en su cara, solo desconcierto, solo duda. Concecí y me expliqué.








-No te culpo por ser un gilipollas, tú lo has tenido más fácil que yo.

sábado, 24 de agosto de 2013

La prohibición.

En la hondanada de los pasos caminando hacia el horizonte estaba yo, más borracho que el que más lo afirmaba y más afirmante que el que alegaba el no saber nada y aun así lo sabía, sabía que no era nada, que no era más que tres palabras mal encadenadas, que no es más que la soltura que se engarza entre la escultura de cuatro sílabas mal paradas, y aun así, (como dijo ella) me gustaba, aunque nadie puliera esa mirada, aunque no hubiera esas incoherencias tan exactas. Exacto, como un reloj permanezco exacto, atento a la permanencia de lo que no pretende cambiar y me quedo con el cambio. Cambiando el detalle que nos trajo hasta este punto supone tanto como el trueque por una coma.

Pero. ¿Quién querría cometer mis errores? Te lo prohíbo.

¿Quién querría enfangar mis pies hasta donde yo lo hice? No lo recomiendo.

¡Cuánto sufrí yo por mis pecados! ¿Cómo mandaría yo a pecar a otros fieles? ¡¡¡Desertor!!!



-¿Y usted? ¿Qué piensa de sus pecados?



-Tanto mis pecados como mis aciertos han sido la clave usada como condición necesaria como para que yo existiera y estuviera tal y como existo y estoy. Soy una gran persona.





¿Cómo iba a prohibir que otros siguieran mi camino?