martes, 2 de junio de 2020

El vestido de la nuda vida.


¿Quién construyó una vida sobre este cuerpo asmático? ¿Quién se empeñó en otorgarle coraje? ¿Quién tuvo la gallardía de agarrar su enclenquidad con firmeza y, como quien la olvida, erigir deseos? ¿Quién pareció adolecer de la más hiriente ceguera e hizo pasión sobre la debilidad de esa vida desnuda?

Ese soy yo, sí señor, aquel que careció de alternativa.

Aquel que se ocupa de que mi nuda vida se olvide de su debilidad.

Y así, dándose por muerta, olvidándose de su existencia, dejándose en mis manos, vive la vida desnuda arropada por mi piel.

martes, 26 de mayo de 2020

A tú teléfono le quedaría de puta madre mi número.


No tenía entre mis manos nada que probara lo indicados que éramos el uno para el otro. Nada que dijera si quiera que éramos carne de química. Si la esperanza hubiese esperado, lo hubiera hecho adherida a la carencia por antonomasia.

Y, aun así, la seguía queriendo ver.
Algo dentro de mí decía que las miradas no mienten.
Y que me moría por que me mirara exactamente igual que la primera vez.

Las posibilidades nacen del atrevimiento ante lo carente.
Y la comedia, de ver a las grandes posibilidades caer.

En un bar garrapatero de Graná se muere un recuerdo lentamente.
Y, también, con él, todas y cada una de las cosas que nunca van a ser.

domingo, 26 de abril de 2020

De dentro a fuera


En los retazos de mi cerebro había un crío que sabía cómo mirar. Un crío que conocía los secretos de estar completo y que, de momento, se comenzó a llenar de carencias, a conocer la ciencia de avergonzarse, de callarse lo que sin esfuerzo conocía, a ser menos mirada que influencia. Comenzó a cantarse las cuarenta y, con él, cuarenta más le coreaban, se mermó en una marmita cocida a fuego lento y él, que era puro cimiento, se creyó incapaz. Creyó lo que quiera que fuera que se decía que era veraz y se tapó los argumentos. Ocultó sus adentros, escuchó por vergüenza y, casi sin querer, aprendió a mirar con los ojos de otro.

Y ahora el crío me mira con esa mirada primera, sabiendo dejar de ser cualquiera.

Y yo lo miro a él y pienso “eh, yo a ese crío sí lo conozco”

viernes, 6 de marzo de 2020

La libertad vacía.


Se cierne la tormenta sobre occidente, el peso de las nubes sube y se siente la presión, la preocupación constante y el reto de enfrentarse al vacío día tras día.

La ansiedad y la depresión, las drogas que nos mantienen en comunión, que nos alivia un corazón que es áspero desde que se le exigió de todo menos silencio. Y la música se vende a la utilidad y cuando se compran las ganas, estas se convierten en obligación pero, se dice, tenemos el don de la libertad.

Y yo te la daría toda a cambio de que se me limpiase el corazón.

Yo te la daría toda a cambio de la rebelión del conocimiento que nos destroce:

Que dios ha muerto y, con él, también todos los dioses.

sábado, 29 de febrero de 2020

Resistente


Se nos cae el tiempo, ya el cuerpo lo sabe.

Está suave el viento, me abre los adentros sin llave.

Y me recuerda que se nos cae el tiempo y que me siento a verlo, como si la vida que se lleva no fuera la mía.

Que se queja enojada porque su cara bermeja no deja la impronta que debería.

Le digo a la vida mía que son los burócratas los que me roban lo que es suyo, y le llora el orgullo porque sabe que no hay mayor capullo que aquel al que le sobra resistencia.

Me dice que solo quien es cristal aprende a esquivar los golpes y que es mediocre el que nada resulte lo suficientemente insoportable como para no romperse.

Me dice que el mundo está lleno de resistentes que ven que se les cae el tiempo y que se sientan a verlo, como si la vida que se lleva no fuera la suya.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Un solo trazo.


Confieso que las confesiones me dejaron de importar, que la fuerte impronta que me dejaban ya no deja más huella que la calima de una noche de verano, me son en vano. Y no es que ya no exista un interés por dirimir los entramados de un pensamiento complejo, los sentimientos espejo que miran de soslayo, los silencios que, a modo de puzle, se me ponen sobre la mesa. Pero pienso en aquello y se me antoja el ensayo, el borrador del trazo firme, el tímido temblor inseguro de quien no sabe si quiera si quiere pintar.

Y entonces me callo, y ya no hablo de la filosofía más vitalista, ni de argumentos enrevesados, atados a la impresión que pudiera provocar. Modificables por la asquerosidad admirable de la complejidad.

Y diré que yo ya no quiero hablar, ni ser el brillo que se cree excepción digna de ser alabada.

Quiero besar, querer con el pecho y sonreír al sentir el sol en mi cara.

Y quizás, con suerte, soltar alguna carcajada.

jueves, 6 de febrero de 2020

Una llamaíta de gente que quiero.


Él y Ella. Y yo. Pero sobre todo Ella.

No había barras de bares sacadas de una novela americana de los años veinte del siglo pasado, tampoco alcohol, ni el relato de un escritor veinteañero en ciernes iluminado por la autodestrucción del patanatas pretencioso de Budkowski. Solo una llamada telefónica. Una llamada generacional, de modo que lo que sigue os sonará.

La llamada era la queja de quien cree en la promesa del sueño que de pequeño nos vendieron; de quien sigue con excelencia y destacando el camino que culmina en la cumbre donde se puede vislumbrar el momento exacto en que se torció todo. El momento exacto en que nos comimos la engañifa. Y aquí estamos: andaluces, sin un duro y culpabilizados por una frustración que por sistema nos oprime los hombros.

Okey Campeona, aceptemos que, por ahora, nos están ganando. Aceptemos que la presión de los hombros seguirá en la misma posición y que la tensión de las contracturas se yerguen orgullosas por saberse duraderas.

Pero a mí estos hijos de puta no me van a robar un minuto más del necesario.

E irte a la calita más bonita de nuestra tierra y follar hasta sentirse renacer, en este mundo de mierda, es hasta revolucionario.

Que se han quedao tó estos cabrones,
Pero en tu hambre mandas tú, cojones.

Y que la vida se nos escapa, pero con una furgona se le puede alcanzar, fasi.

Un abrazo Campeona. Seguimos luchando.