lunes, 20 de noviembre de 2017

La insoportable levedad del ser.

El crío creció antes de lo que él esperaba y, sin embargo, poco había cambiado. Lo aprendido en el camino parecía enseñarle que el punto medio era lo más sensato, aunque allí no ocurriera nada, absolutamente nada.

Al comienzo, fue el afán de observar lo que le impedía tomar alguna dirección. Observaba, observaba como si en la naturaleza del comportamiento ajeno estuvieran las claves del entendimiento de su propio hilo vital. Pero lo que sacó en claro de aquellas observaciones no fue más que notas desordenadas de un análisis de sus coetáneos y eso poco le ayudaba en su contienda decisiva.

Fue quizás cuando probó la miel de los extremos cuando, aterrorizado, se quedó en el medio, en postura fetal, sin saber hacia donde ir.

La libertad extrema sonaba tan bien en la adolescencia, la absoluta ligereza del alma, el viento en su carrera y el egoísmo supremo sonaba a felicidad. Pero quien se acerca a ese extremo se aleja de la pesadez y, por tanto, de la trascendencia, de la importancia adherida a los hechos que hacen de una vida una obra de arte y se acerca, de una manera terroríficamente peligrosa, a la insoportable levedad del ser.

En el otro extremo estaba lo pesado, la carga sobre los hombros, la decisión determinante que incomoda al alma de una manera orgullosa y altiva, la sublimación, la fortaleza y la valentía de enfrentarse al camino con más piedras. Ahí había trascendencia, tomar esa decisión significaba besar a la importancia, crear a partir de carencias y hacerle justicia a la existencia. Pero hacerlo significaba lidiar con la continua competencia y alejarse del viento.

Así que ahí estaba el crío, en el puto punto medio, no por prudencia, sino por indecisión de su extremo favorito.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Viviendo la ficción

Nos cegó la obsesión por la ficción, la fijación por lo ficticio se usó para olvidar lo que estaba al alcance de la mano, gracias a este olvido, la mano no se acordaba ya de lo que debía de alcanzar. Lo que en un primer momento era alcanzable se cubrió de una niebla densa que emergía de historias que las películas y las series nos contaron y que nos dieron una mentira a la que nos presentamos como aspirantes. Como si aquello fuera cierto, como si aquello le hubiera ocurrido a alguien.

Y la verdad sigue ahí fuera, aunque ya no hay quien la vea.

Y la verdad sigue ahí fuera, pero ya no hay quien la crea.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Corazón blando.

Hay gente que tiene el corazón blandito, suave y mullido, como una buena almohada y no importa el tipo de trabajo que desarrolle, el nivel de estudios que se tenga o la familia que lo haya criado. No importa el número de corazones que rompió ni cuán rota esté su figura, no importa como le azote la vida, ni la amargura de las noches más ácidas. No importan los golpes en las sienes de diez borrachos ni los enfrentamientos sin importancia, ni siquiera la culpabilidad que deviene de la dureza. Ni las promesas rotas, ni los sentimientos de reciente cambio.

Hay gente que tiene el corazón blandito y, a pesar de todo, lo siguen conservando.

viernes, 1 de septiembre de 2017

La seda es impredecible.

Mirando entre mis pies, con la cabeza incrustada en la mesa y con la cara arrugada, en la mueca más triste que puede tener la cara de un hombre, me desesperaba. No pensaba, me resquebrajé.

Y ahora, con la calma silente que da el tiempo, con los brazos tras mi nuca y los ojos clavados a martillazos en la atmósfera, me pregunto: ¿En qué momento se jodió todo?

Las ilusiones se convirtieron en delirios de grandeza, los sueños en una actitud inmadura y el amor en desventuras. Y ante esa horrible evidencia solo queda encogerse de hombros y seguir escribiendo, encogerse de hombros y seguir sintiendo, aunque seguir perdiendo sea lo que eso signifique.


Pero la suerte la cosen manos hechas de seda.

Y hacer lo que nos nace, es lo único que nos queda.

sábado, 26 de agosto de 2017

La canción

Si ves a alguien que me quiso
dile que no me fue mal en la vida
que trato de no perder el juicio
y que me sigue gustando la bebida,
que estoy en un puto punto medio.


Y dale un beso en la mejilla.

viernes, 4 de agosto de 2017

Hueco

-Yo jamás te diría eso.
-¿Por qué?
-Porque aspiro a no ser un egoísta de mierda.
Lo miró con extrañeza, luego con una ascendente sonrisa que se torció hacia el enfado.
-¿Me quieres decir qué ridícula lógica te lleva a pensar eso?

-Verás, la añoranza es un sentimiento honesto, puro y, sobre todo, doloroso. Es palpar huecos en el alma de cuya existencia no eras consciente por haberlos rellenado con trocitos de otra persona. Es buscar lo que cubría esa concavidad antes y darte cuenta de que la tierra que ocupaba su lugar se la llevó el viento. Es ver que un agujero de suave superficie busca algo que lo llene y se desespera, y se duele, y se llora, y se tiembla.

-Pero...

-Pero cuando digo echarte de menos, no hago sino rellenar con vacío un hueco que tú misma llenabas entera, lo hago para que tu respuesta engañe al hueco que dejaste y piense que, si tú también tienes un hueco, mi fuerza al cavar es, al menos, tan fuerte como la tuya. Pero no se declara añoranza para rellenar huecos, sino para ver la profundidad del hueco del otro, y para, de algún modo, dejar que el nuestro siga siendo suave, siga estando blandito.

Prefiero dolerme de manera honesta mi amor, y que si algún día nos encontramos te acomodes en la dureza de mis huecos, te enamores de su eco y me quieras de verdad, aunque solo sea un poquito.

Y que cada uno se mire su agujero y juzgue lo que quiera hacer con él.

lunes, 24 de abril de 2017

La más honesta consecuencia de la conciencia del vacío.

Nadie, digo, nadie está a salvo de sí mismo, pues dentro de las dos opciones disponibles, ninguna beneficia nuestra honestidad. O bien somos fuerza destructiva conocedora del dolor, o bien somos consecuencia de ignorancia que nos llenará de vacío.

Tampoco es para ponernos dramáticos, quien conoce el dolor, quien es consciente del vacío que implica nuestra vana existencia, no por ello ha de nutrirse del continuo acto hiriente que es el mirar nuestro vacío. “Habrá que hacer leña del árbol caído”, alimentarnos del humor que se deriva del conocer lo inútil de nuestra existencia. Mientras el universo se expande, mientras la Andrómeda se aleja poco a poco de mi galaxia, mientras el sistema solar sigue los movimientos que la naturaleza les dictó, mientras el sol se apaga muy poco a poquito, mientras la luna se encara con la Tierra. Mientras tanto, yo hago un chiste guarro en la esquina de un bar de Granada, sabiendo que eso, es lo más honesto que un hombre podría hacer.