Sentí cómo me miraba desde que entró por la puerta, supongo que es la soberbia del traje, o los andares no aprendidos de lo que se entiende ahora por triunfador, no se, quizás fuera la tranquilidad de tener el suficiente dinero en el bolsillo para gastar lo que deseara sin abarcar la necesidad de la más mínima preocupación.
En cualquier caso, estaba solo y decidió sentarse frente a mí, en la barra de mi bar.
-Un whisky con hielo, camarero- dijo, decidiendo apartar la mirada, como si de repente no fuera ni si quiera de importancia como para despreciarme.
-Aquí tiene, abogado -respondí.
Creo que fue la forma arenosa en la que pronuncié la última palabra la que le hizo salir un tanto de su inopia y volver a mirarme a los ojos. Pero con dos palabras no se cambia a una persona, y en su boca se abrió la más arrogante de las sonrisas.
-Dígame, camarero, ¿Qué opina usted de la desfachatez de los libros Budkowski?
-Lo siento caballero, no he tenido nunca ni dinero para comprar libros ni tiempo para leer.
Se rió con autosuficiencia.
-No te preocupes, hombre -contestó emulando amistad con ese toque irónico tan característico de quién se siente superior-. Hablemos entonces de arte. ¿Has visitado alguna vez el museo del prado? Mis padres me llevaban viernes tras viernes desde los doce años.
-Tampoco puedo ayudarle en ese tema, tiendo a intuir que mis viernes desde crío fueron muy distintos a los suyos.
-¡De algo sabrá usted camarero! Hablemos de la universidad ¡Seguro que aprendiste algo allí!
No hacía falta ser un lince a esas alturas como para saber que nunca había puesto un pie en la universidad. Quería indagar en la herida.
-Nunca he ido a la universidad, ha sido un gasto que nunca pude pagar.
Se le apagó la sonrisa poco a poco para dar forma a una mueca de superioridad, mientras daba un trago al whisky que le serví, se desajustó un poco la corbata y volvió a hablar.
-No te culpo por ser un inculto, tu lo has tenido más difícil que yo.
-Estamos en equidad entonces- respondí adoptando la sobriedad en mi sonrisa, llenando de autoridad mi rostro y logrando que el orgullo de ser quién soy se apoderara de mí.
Me miró, preguntando, rogando una explicación, no creo que hubiera ya altivez en su cara, solo desconcierto, solo duda. Concecí y me expliqué.
-No te culpo por ser un gilipollas, tú lo has tenido más fácil que yo.
martes, 27 de agosto de 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
La prohibición.
En la hondanada de los pasos caminando hacia el horizonte estaba yo, más borracho que el que más lo afirmaba y más afirmante que el que alegaba el no saber nada y aun así lo sabía, sabía que no era nada, que no era más que tres palabras mal encadenadas, que no es más que la soltura que se engarza entre la escultura de cuatro sílabas mal paradas, y aun así, (como dijo ella) me gustaba, aunque nadie puliera esa mirada, aunque no hubiera esas incoherencias tan exactas. Exacto, como un reloj permanezco exacto, atento a la permanencia de lo que no pretende cambiar y me quedo con el cambio. Cambiando el detalle que nos trajo hasta este punto supone tanto como el trueque por una coma.
Pero. ¿Quién querría cometer mis errores? Te lo prohíbo.
¿Quién querría enfangar mis pies hasta donde yo lo hice? No lo recomiendo.
¡Cuánto sufrí yo por mis pecados! ¿Cómo mandaría yo a pecar a otros fieles? ¡¡¡Desertor!!!
-¿Y usted? ¿Qué piensa de sus pecados?
-Tanto mis pecados como mis aciertos han sido la clave usada como condición necesaria como para que yo existiera y estuviera tal y como existo y estoy. Soy una gran persona.
¿Cómo iba a prohibir que otros siguieran mi camino?
Pero. ¿Quién querría cometer mis errores? Te lo prohíbo.
¿Quién querría enfangar mis pies hasta donde yo lo hice? No lo recomiendo.
¡Cuánto sufrí yo por mis pecados! ¿Cómo mandaría yo a pecar a otros fieles? ¡¡¡Desertor!!!
-¿Y usted? ¿Qué piensa de sus pecados?
-Tanto mis pecados como mis aciertos han sido la clave usada como condición necesaria como para que yo existiera y estuviera tal y como existo y estoy. Soy una gran persona.
¿Cómo iba a prohibir que otros siguieran mi camino?
miércoles, 7 de agosto de 2013
Preguntas.
-¿Maestro?
-¿Si?
-¿Se puede pasar?
-¿Por qué no?
Pasó e hincó sus rodillas al suelo y volvió a preguntar
-¿Habría de estar orgulloso de la vida que he llevado hasta ahora?
-¿Acaso no lo estás?
-¿Por qué habría de estarlo?
-¿Quién no lo estaría?
Se levantó, ya sabía la respuesta.
Porque lo importante de una buena pregunta no es sólo la respuesta, sino hacer que tú la respondas.
"Quien no sabe si estarlo"
-¿Si?
-¿Se puede pasar?
-¿Por qué no?
Pasó e hincó sus rodillas al suelo y volvió a preguntar
-¿Habría de estar orgulloso de la vida que he llevado hasta ahora?
-¿Acaso no lo estás?
-¿Por qué habría de estarlo?
-¿Quién no lo estaría?
Se levantó, ya sabía la respuesta.
Porque lo importante de una buena pregunta no es sólo la respuesta, sino hacer que tú la respondas.
"Quien no sabe si estarlo"
viernes, 12 de julio de 2013
¿Ausencia?
Me gusta cuando lloras en mi ausencia vida mía, porque siento que valgo más que tú y que incluso eres tú quien comete la osadía de considerar que soy yo el que valgo más.
Adoro cuando la sonrisa se te apaga entre el sonido de mi caminata en la otra dirección, porque así se que te tengo atada, porque así tan sólo eres sonrisa si te acarician mis palabras.
Me encanta sentir como me atrapas en los barrotes de tus recuerdos tanto si te rodeo con mis brazos como si te rodea el júbilo del calor amigo.
Adoro verte encarcelada, sujeta por la cobardía que engrilleta el aire, ese que tan solo puedes respirar si yo lo acompaño.
Ahora, hagámonos rabiar siendo felices mi cielo.
Adoro cuando la sonrisa se te apaga entre el sonido de mi caminata en la otra dirección, porque así se que te tengo atada, porque así tan sólo eres sonrisa si te acarician mis palabras.
Me encanta sentir como me atrapas en los barrotes de tus recuerdos tanto si te rodeo con mis brazos como si te rodea el júbilo del calor amigo.
Adoro verte encarcelada, sujeta por la cobardía que engrilleta el aire, ese que tan solo puedes respirar si yo lo acompaño.
Ahora, hagámonos rabiar siendo felices mi cielo.
sábado, 6 de julio de 2013
Mi tenderete.
-Tiéndame la mano compañero, ¿No ve que estoy tendido? Que mi tendencia se orienta hacia el peor de los tendederos, ¿No ve usted que tenderete tengo aquí montado? ¡Tiéndame la mano compañero! ¡¡¡Que ya me duele el costado!!! ¡¡¡¡Que ya suenan mis pasos menos que las monedas que pagan lo poquito que se vivir!!!! ¡Tiéndame la mano compañero! ¿No ve que ya suenan mis gritos en el horizonte? Tire de mi, ¡Tire con fuerza! ¡Haga que me duela más el hombro por tu ayuda que el culo por el escarpado suelo! ¡¡Sáqueme de esta agonía compañero!! ¡¡Salve mi ilusión y siéntase partícipe de tal mérito!! ¿Acaso no ve la oportunidad que le brindo?
-Tu necesitas ayuda.
-Claro que la necesito.
Así que apártate.
Y déjame dejar de necesitar.
http://www.youtube.com/watch?v=CVg8ED7aFT8
-Tu necesitas ayuda.
-Claro que la necesito.
Así que apártate.
Y déjame dejar de necesitar.
http://www.youtube.com/watch?v=CVg8ED7aFT8
martes, 2 de julio de 2013
Debajo de los tumbos.
-Descubrámonos las caras
-¿Cómo?
-Descubrámonos las caras mujer, déjame verte tras esas mil capas de maquillaje que calzas, déjame verte sin alzas y sin pruebas, déjame sentir la ternura que existe tras tu fortaleza, déjame escucharte hablar de un cuento, déjame...
-Para hombretón, apenas le conozco, apenas hemos cruzado más de tres miradas y apenas rozamos nuestros labios, y por lo que he visto usted no es más...
-Lo se mujer, lo se, lo se.
Hasta otra entonces -dijo él entre suspiros y medias sonrisas.
-¿La volviste a ver?
-Nunca -dijo con ese manto de seriedad que le recubría las facciones desde hacía tiempo mientras apuraba el tercer Jack Daniel's con hielo en la barra de aquel tugurio-. Tenía razón.
Porque ¿Quién quiere descubrir lo que hay bajo las fisuras de la superficie del más borracho? ¿Quién se pregunta si debajo de alguno de esos tumbos existe ilusión? ¿Quién cree que el balbuceo puede llegar a esconder algo de valor? Yo te lo diré.
Nadie en su sano juicio.
Aceptaré mi condena.
Recubriré mi soledad con los besos de aquellas para quién la locura no le suena a desquicio.
Y agarró su guitarra.
-¿Cómo?
-Descubrámonos las caras mujer, déjame verte tras esas mil capas de maquillaje que calzas, déjame verte sin alzas y sin pruebas, déjame sentir la ternura que existe tras tu fortaleza, déjame escucharte hablar de un cuento, déjame...
-Para hombretón, apenas le conozco, apenas hemos cruzado más de tres miradas y apenas rozamos nuestros labios, y por lo que he visto usted no es más...
-Lo se mujer, lo se, lo se.
Hasta otra entonces -dijo él entre suspiros y medias sonrisas.
-¿La volviste a ver?
-Nunca -dijo con ese manto de seriedad que le recubría las facciones desde hacía tiempo mientras apuraba el tercer Jack Daniel's con hielo en la barra de aquel tugurio-. Tenía razón.
Porque ¿Quién quiere descubrir lo que hay bajo las fisuras de la superficie del más borracho? ¿Quién se pregunta si debajo de alguno de esos tumbos existe ilusión? ¿Quién cree que el balbuceo puede llegar a esconder algo de valor? Yo te lo diré.
Nadie en su sano juicio.
Aceptaré mi condena.
Recubriré mi soledad con los besos de aquellas para quién la locura no le suena a desquicio.
Y agarró su guitarra.
viernes, 14 de junio de 2013
Por ser, somos.
-No se, supongo que hay momentos en los que se ven las cosas más claras -dijo él, con un pequeño atisbo de sonrisa en el rostro, de esas de difícil descifre.
-¿Cómo?
-Sí, ya sabes, verdades que nadie reconocería, verdades que se mecen entre cascadas de justificaciones, como aquella mujer que prefirió verse, por cobardía, entre los brazos de su verdugo a estar sola, o como aquel hombre que reza por que alguien sentencie su relación, porque sus manos son demasiado débiles para romper esa rama, por cobardía señora, por cobardía.
-¿Y quién eres tú para juzgar eso? ¿Acaso no bailaste entre los vaivenes de los impulsos de volver a unos besos? ¿Acaso eres tú el único que se abre a la sinceridad?
-Lo soy mujer, pero no se lo digo a nadie -dijo él guiñando su ojo derecho-. Al final todo acaban siendo actuaciones y excusas por no asumir que se tiende a la cobardía, a abrazar el miedo, por eso se hizo tan popular la frase de "el amor lo puede todo", no es que el amor lo pueda todo, es que todos temen que le dejen de amar. El amor no es la fuerza más dura que forja los lazos más férreos, no señora, se tiene miedo a la soledad, a no encontrar a alguien que sea tan especial como el anterior, se tiene miedo y por eso se mantiene algo que hace daño. No somos valientes aunque lo parezcamos, somos el carcelero que mantiene en prisión al guerrero que quiere gritarle a la vida. Somos la preferencia de un beso seguro aunque no nos guste. Somos lo que somos señora, y por ocultar lo ocultamos hasta de nosotros para que nadie lo vea.
Por ser somos como este texto cielo... Sin que nadie lo lea.
Por ser somos como este texto cielo... Sin que nadie lo lea.
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