-Soy el mejor, ¿Sabes? ¡Nadie nada como yo! Llevo haciendo la misma marca desde mil novecientos noventa y siete. Cien metros a crol libre en un minuto y trece segundos.
-Está usted tan equivocado caballero...
-¿Yo? ¡No! ¡Te lo aseguro! ¡Estoy condecorado por el record guiness! Soy el mejor nadador del mundo, nunca bajé mi marca desde los trece hasta los veintiocho años.
-¿Acaso la superó alguna vez?
-¿Perdón?
-Le perdono, pero respóndame, ¿Acaso superó su marca alguna vez?
Si la humildad, en algún instante, hubiese anidado en el corazón de aquel nadador, la incredulidad se hubiera apoderado de su rostro, pero en lugar de aquello, fue la rabia, la fiera furia la que galopaba por su piel, fue ella la que se impuso sobre todo ápice de modestia.
Tan sólo pude articular una frase antes de encontrarme con un portazo en mis narices.
-No se trata de ser siempre el mejor. Caballero, se trata de mejorar siempre.
http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=yI0_w9aV8G0
jueves, 3 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
Olores.
Ding-Dong.
-¡Ya están aquí!
-¿No habíamos quedado a las nueve?
-Se ha adelantado, ¡Anda! ¡Ve a abrir!
Giré el pomo de la puerta.
-¡Juana! No creas que no me alegro de verte, pero... no habíamos quedado en veinte minutos.
Ella miró su reloj, más nerviosa que despistada.
-¡Ay! Sí, lo siento, es que estaba tan emocionada, quería contaros todo desde el principio, el hotel, el recibimiento, la gente ¡Todo! ¡La luna de miel fue espectacular!
-Bueno bueno, siéntate en el salón, Silvia está en la cocina terminando de preparar la cena ¿Un vinito?
-¡Sí! Tráete el rosado, me gustó como olía.
-Pues cariño, tenéis que ir a Tanzania, es espectacular, la playa, la montaña ¡E incluso tiene bosque! El hotel era fantástico, tenía vistas al mar, me encantó.
-¿Y las gentes de allí? ¿Cómo eran?
-Pues los chicos del hotel fueron muy amables, pero había un camarero negro, bueno, ya sabes, de color, que olía un poco fuerte, pero por lo demás son gente maravillosa.
-Pero es natural, su olor corporal es más fuerte de lo normal, ¡Ay! se me olvidaba, ¿has traído la colonia?
-No, otra vez se me ha gastado.
-¡Ya están aquí!
-¿No habíamos quedado a las nueve?
-Se ha adelantado, ¡Anda! ¡Ve a abrir!
Giré el pomo de la puerta.
-¡Juana! No creas que no me alegro de verte, pero... no habíamos quedado en veinte minutos.
Ella miró su reloj, más nerviosa que despistada.
-¡Ay! Sí, lo siento, es que estaba tan emocionada, quería contaros todo desde el principio, el hotel, el recibimiento, la gente ¡Todo! ¡La luna de miel fue espectacular!
-Bueno bueno, siéntate en el salón, Silvia está en la cocina terminando de preparar la cena ¿Un vinito?
-¡Sí! Tráete el rosado, me gustó como olía.
-Pues cariño, tenéis que ir a Tanzania, es espectacular, la playa, la montaña ¡E incluso tiene bosque! El hotel era fantástico, tenía vistas al mar, me encantó.
-¿Y las gentes de allí? ¿Cómo eran?
-Pues los chicos del hotel fueron muy amables, pero había un camarero negro, bueno, ya sabes, de color, que olía un poco fuerte, pero por lo demás son gente maravillosa.
-Pero es natural, su olor corporal es más fuerte de lo normal, ¡Ay! se me olvidaba, ¿has traído la colonia?
-No, otra vez se me ha gastado.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Hoy hablemos de lo bello
Pero hoy hablemos de lo bello.
Es bello pasear solo mientras sientes caer las hojas que por
humildad dejan paso al invierno, es bello rozar la lluvia con los dedos aunque
no sea mucha, y sentir la calidez del sol, aunque haga frío. Es bello pensar
que es domingo y que estoy sólo. Pero, mi cielo, soy tan infeliz acariciando lo
bello. Cielo mío, era tan infeliz en nuestro sufrimiento.
Y aun así, todo me
sabe a ti.
lunes, 10 de diciembre de 2012
¿Cuál es tu excusa?
¿A quién se le ocurre pasear por estas abarrotadas calles un día como hoy? Pensé un día como hoy mientras paseaba entre muchedumbre que golpeaba, aplastaba y andaba, dubitando, como preocupada.
Hay quienes parecían sonreír mientras agarraban bolsas de compras recién hechas, o quienes caminaban muy deprisa, como si estuviese nervioso por una cita. Y no solo él era el que se movía como si estuviese citado, todos emulaban a la perfección el papel del que conoce hacia donde se dirige, pero no por qué lo hace.
El caso es que mientras sonreía distraído por sentir el viento en la cara, por no necesitar más motivo para pasear que el simple placer de hacerlo, y por gustarme el paisaje que deja un domingo en el preludio del atardecer, choqué con una señora, de sonrisa efímera y carácter duro, sus bolsas se cayeron al suelo y le ayudé a recogerlas.
Con la brusquedad de quien no le gusta una situación y posee la necesidad de culpar a alguien por cualquier acto esa mujer me miró sin titubear, y habló, despegando arenosamente sus labios, sonrientes antes de chocar.
-Bueno jovencito, y tú ¿qué edad tienes?
-No lo sé -respondí sonriente a la par que le entregaba las bolsas.
Su rostro, que antes reflejaba enfado y enojo, ahora despuntaba incredulidad.
Pero las emociones no son permanentes, y su incrédula sensación pasó a mostrar miedo. Estaba asustada.
Cuando miré a mi alrededor, toda la calle callaba y como si de un espejo se tratara, retrataron la emoción que mostró la señora.
¿Cómo no puede saber su edad? se leía en sus caras ¿Cómo puede ser tan despreocupado? retumbaba su mente.
Y precisamente esa fue la sensación que terminé provocando en ellos, "preocupación".
Quizás ellos tuvieran razón, era extraño que alguien desconociese la edad que tenía.
Quizás yo tuviera razón, era extraño preocuparse por algo que no te incumbe.
Es extraño preocuparse, no no hacerlo.
Es extraño no sonreír, no hacerlo.
Es extraño buscar una excusa para hacer, en lugar de hacer por placer.
Hay quienes parecían sonreír mientras agarraban bolsas de compras recién hechas, o quienes caminaban muy deprisa, como si estuviese nervioso por una cita. Y no solo él era el que se movía como si estuviese citado, todos emulaban a la perfección el papel del que conoce hacia donde se dirige, pero no por qué lo hace.
El caso es que mientras sonreía distraído por sentir el viento en la cara, por no necesitar más motivo para pasear que el simple placer de hacerlo, y por gustarme el paisaje que deja un domingo en el preludio del atardecer, choqué con una señora, de sonrisa efímera y carácter duro, sus bolsas se cayeron al suelo y le ayudé a recogerlas.
Con la brusquedad de quien no le gusta una situación y posee la necesidad de culpar a alguien por cualquier acto esa mujer me miró sin titubear, y habló, despegando arenosamente sus labios, sonrientes antes de chocar.
-Bueno jovencito, y tú ¿qué edad tienes?
-No lo sé -respondí sonriente a la par que le entregaba las bolsas.
Su rostro, que antes reflejaba enfado y enojo, ahora despuntaba incredulidad.
Pero las emociones no son permanentes, y su incrédula sensación pasó a mostrar miedo. Estaba asustada.
Cuando miré a mi alrededor, toda la calle callaba y como si de un espejo se tratara, retrataron la emoción que mostró la señora.
¿Cómo no puede saber su edad? se leía en sus caras ¿Cómo puede ser tan despreocupado? retumbaba su mente.
Y precisamente esa fue la sensación que terminé provocando en ellos, "preocupación".
Quizás ellos tuvieran razón, era extraño que alguien desconociese la edad que tenía.
Quizás yo tuviera razón, era extraño preocuparse por algo que no te incumbe.
Es extraño preocuparse, no no hacerlo.
Es extraño no sonreír, no hacerlo.
Es extraño buscar una excusa para hacer, en lugar de hacer por placer.
lunes, 26 de noviembre de 2012
¿Me deja soñar? Gracias.
El paso anterior precede al que acabo de dar que precederá al siguiente, sabemos el pesimismo final que nos aguarda paciente, pero él no sabe de nuestro paradero.
Pienso, pienso mientras camino, quizás el factor de mi organismo que da rienda suelta a la imaginación esté estrictamente ligado a la capacidad psicomotriz de mis piernas.
-¡Pero oiga! ¿Qué hace usted caminando por el bordillo y no por la acera? ¿¿Por qué extiende los brazos?? ¿¿¿Por qué simula ser equilibrista en mitad de la urbe??? ¡¡¡Es usted un hombre muy raro!!! ¡¡¡¡Me reiré de usted, pero usted no lo sabrá!!!!
Me sonrío, porque yo sonreiré, pero no será ni por su causa ni a causa de usted, porque algo que usted ignora es que ríe por ignorar de qué río yo, y si juzga estupidez y estulticia por una sonrisa sin motivo y se ríe de los que no lo hacen de usted... es usted la persona más infeliz y dependiente que jamás he tenido la oportunidad de desconocer.
Porque mientras yo busco mi licencia para soñar, usted se empeña en carecer de ella.
=)
http://www.youtube.com/watch?v=_AkxFgWCOe0
Pienso, pienso mientras camino, quizás el factor de mi organismo que da rienda suelta a la imaginación esté estrictamente ligado a la capacidad psicomotriz de mis piernas.
-¡Pero oiga! ¿Qué hace usted caminando por el bordillo y no por la acera? ¿¿Por qué extiende los brazos?? ¿¿¿Por qué simula ser equilibrista en mitad de la urbe??? ¡¡¡Es usted un hombre muy raro!!! ¡¡¡¡Me reiré de usted, pero usted no lo sabrá!!!!
Me sonrío, porque yo sonreiré, pero no será ni por su causa ni a causa de usted, porque algo que usted ignora es que ríe por ignorar de qué río yo, y si juzga estupidez y estulticia por una sonrisa sin motivo y se ríe de los que no lo hacen de usted... es usted la persona más infeliz y dependiente que jamás he tenido la oportunidad de desconocer.
Porque mientras yo busco mi licencia para soñar, usted se empeña en carecer de ella.
=)
http://www.youtube.com/watch?v=_AkxFgWCOe0
viernes, 16 de noviembre de 2012
La manzana
Un domingo hace cuarenta años estuve en el parque, me gusta leer a Paulo Coelo mientras miro por el rabillo del ojo como las nuevas generaciones se divierten con los mismos columpios que me divertí yo en la ternura de mi niñez.
Ana, la protagonista, estaba de viaje con Pablo, acababan de entrar a una ermita por la fuerza por deseo de ella y con el impulso de él.
-¿Por qué has hecho es...
Frente a mí, en el otro banquito, había un señor, tuve que fijarme en él, tenía barba espesa y sonrisa agradable, en cada muesca de la comisura de sus ojos escondía una historia, era la cara de la sabiduría, de quién ha tenido la paciencia de aprender de cada error que comete.
-¡Abu abu! ¡Mira lo que hago!
¡Qué infancia la de esa pequeñaja! ¡Qué suerte la suya de poder aprender de alguien tan intrigante!
-¡Anda! ¡Pequeña Patricia, hazlo de nuevo mientras tu abuelo se toma una manzana!
-¡Vale! ¡Pero luego me harás el "upa upa"!
-jajajajajajaja ¡Claro pequeñaja! ¡Como cada domingo!
Ese señor introdujo ambas manos en el bolsillo de su abrigo de pescador y sacó una manzana con la mano derecha y del bolsillo izquierdo sacó... ¿¡Un cuchillo!?
¿Iba a usar cuchillo para comerse la manzana?
¡Qué estrambótico! Siempre pensé que era mucho mejor comérsela a mordiscos, que fortalecía las encías y la fibra de la piel...
¡Qué demonios! ¡aquel hombre cortaba las porciones de manzana con sumo cuidado! ¡Con una maestría digna de un chef! ¡No podía ser que lo hiciera sin ningún motivo! ¡Seguro que era mejor comerse la manzana a porciones! ¡Él había descubierto el secreto de las manzanas!
A partir de ese momento lo decidí jamás volvería a comerme una manzana sin cortarla a porciones.
¡Hoy tengo setenta años y puedo afirmar sin miedo a equivocarme que tomé la opción correcta, jamás me supieron mejor las manzanas!
-jajajajajajaja ¡Claro pequeñaja! ¡Como cada domingo!
Le dije a mi nieta Patricia, era tan guapa como su madre, pero no más que su abuela, su pelo rojizo era idéntico al de su abuela, como la añoraba.
Saqué la manzana que llevo cada domingo, y el cuchillo para cortarla. cómo me recordaba a su pelo...
Hubiera deseado volver a tener mandíbula para arrancarle la carne a mordiscos, como antaño, como a ella, como entonces.
Moraleja: Quizás deberíamos imitar menos y pensar y sentir más.
Ana, la protagonista, estaba de viaje con Pablo, acababan de entrar a una ermita por la fuerza por deseo de ella y con el impulso de él.
-¿Por qué has hecho es...
Frente a mí, en el otro banquito, había un señor, tuve que fijarme en él, tenía barba espesa y sonrisa agradable, en cada muesca de la comisura de sus ojos escondía una historia, era la cara de la sabiduría, de quién ha tenido la paciencia de aprender de cada error que comete.
-¡Abu abu! ¡Mira lo que hago!
¡Qué infancia la de esa pequeñaja! ¡Qué suerte la suya de poder aprender de alguien tan intrigante!
-¡Anda! ¡Pequeña Patricia, hazlo de nuevo mientras tu abuelo se toma una manzana!
-¡Vale! ¡Pero luego me harás el "upa upa"!
-jajajajajajaja ¡Claro pequeñaja! ¡Como cada domingo!
Ese señor introdujo ambas manos en el bolsillo de su abrigo de pescador y sacó una manzana con la mano derecha y del bolsillo izquierdo sacó... ¿¡Un cuchillo!?
¿Iba a usar cuchillo para comerse la manzana?
¡Qué estrambótico! Siempre pensé que era mucho mejor comérsela a mordiscos, que fortalecía las encías y la fibra de la piel...
¡Qué demonios! ¡aquel hombre cortaba las porciones de manzana con sumo cuidado! ¡Con una maestría digna de un chef! ¡No podía ser que lo hiciera sin ningún motivo! ¡Seguro que era mejor comerse la manzana a porciones! ¡Él había descubierto el secreto de las manzanas!
A partir de ese momento lo decidí jamás volvería a comerme una manzana sin cortarla a porciones.
¡Hoy tengo setenta años y puedo afirmar sin miedo a equivocarme que tomé la opción correcta, jamás me supieron mejor las manzanas!
-jajajajajajaja ¡Claro pequeñaja! ¡Como cada domingo!
Le dije a mi nieta Patricia, era tan guapa como su madre, pero no más que su abuela, su pelo rojizo era idéntico al de su abuela, como la añoraba.
Saqué la manzana que llevo cada domingo, y el cuchillo para cortarla. cómo me recordaba a su pelo...
Hubiera deseado volver a tener mandíbula para arrancarle la carne a mordiscos, como antaño, como a ella, como entonces.
Moraleja: Quizás deberíamos imitar menos y pensar y sentir más.
viernes, 2 de noviembre de 2012
El millonario.
Hoy me gustaría contarles algo que me pasó hace unos años, Paseaba por las calles de Madrid con mil euros en el bolsillo, algo bastante cotidiano en mi día a día, jamás tuve problemas de dinero y es algo de lo que me enorgullezco, hay quienes dirían abiertamente que esa afirmación es pretenciosa y estúpida, pero no escucho ese tipo de acusaciones, son demasiado vulgares para mis oídos. Soy millonario por la gracia del destino y de la familia que me precede y antecede.
Creo que fue a media altura del retiro cuando me encontré al tipo con la sonrisa más grande que jamás fui capaz de ver hasta ese día, andaba diciendo que tenía una idea, era un soñador y me hizo gracia su actitud, por ello, tuve la gallardía de acercarme a aquel hombre con la intención de comprarle su idea, a ver de qué servía.
¡Era genial! No pude aguantar la tentación de volver a la semana siguiente, seguía diciendo que tenía otra idea, ¡y se la compré!
Dios, no vi jamás mayor creatividad que la de aquel joven, que vida, que fuerza, ¡Qué intensidad!
Volví cada semana a comprar sus ideas y a él jamás se le acabaron.
Hoy estoy bajo el puente que cruza el manzanares bebiendo vino del barato.
Porque cuando se me gastó el dinero.
Ya no tuve más ideas.
Moraleja: el dinero está a merced de la originalidad y no al contrario, que no nos hagan perder la cabeza.
Creo que fue a media altura del retiro cuando me encontré al tipo con la sonrisa más grande que jamás fui capaz de ver hasta ese día, andaba diciendo que tenía una idea, era un soñador y me hizo gracia su actitud, por ello, tuve la gallardía de acercarme a aquel hombre con la intención de comprarle su idea, a ver de qué servía.
¡Era genial! No pude aguantar la tentación de volver a la semana siguiente, seguía diciendo que tenía otra idea, ¡y se la compré!
Dios, no vi jamás mayor creatividad que la de aquel joven, que vida, que fuerza, ¡Qué intensidad!
Volví cada semana a comprar sus ideas y a él jamás se le acabaron.
Hoy estoy bajo el puente que cruza el manzanares bebiendo vino del barato.
Porque cuando se me gastó el dinero.
Ya no tuve más ideas.
Moraleja: el dinero está a merced de la originalidad y no al contrario, que no nos hagan perder la cabeza.
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